Caminando bajo la lluvia…luego la saudade.
Vengo llegando del centro, recorrí para variar, una cuantas cuadras del barrio Brasil, de un lado a otro, esquivé la lluvia todo el día… pero ahora llegando a casa, las últimas cuadras de Matucana hasta Velásquez, por Portales el aguacero se largó. Mojó mi andar a ritmo de galope. Por suerte el frío que me acompañó durante la tarde se fue dejándome expuesto a las miles de gotitas y gototas que llenaron mi rostro flaco, aprontándose al vigésimo plato de arroz con huevo frito que llevo en este mes y la oscuridad de mi casa, privada de energía eléctrica. Sin duda para quienes me leen, que no son muchos, pero de altísima calidad humana, de a poco van entendiendo esta forma de contar, mía. Rústica asociación de ideas. Donde las caminatas permanentes y obligadas para no quedarse sumido en el desespero, trae consigo la posibilidad de hablarse a uno mismo o de acompañarse. “Ahí va el loco…” dirán los que no tiene nada que decirse, o los que no saben siquiera que pueden cómodamente hablar consigo mismo (no tienen idea de los diálogos que se pierden). Pensaba, mientras sentía el agüita recorrer por mi “cogote”, donde podría ubicarme para capear la noche si no tuviera casa donde llegar. Extrañé los amigos que duermen en Huérfanos con Chacabuco, la señora de la radio a pilas y tangos que se envuelve en nailon, y que responde con una “sarta de chuchadas” a quién, (no sé como) sorprende detenido mirando ese bulto gris que transpira, una suerte de bolsa amniótica urbana, de calle, de necesidad y necedad económica, de necedad libertaria podría decirse en algunos casos. Pero ellos no estaban, me devolví por Agustinas, había visto un alerito posible, que serviría de resguardo, de caleta, de cobijo. Y ahí estaban agrupados, unos con otros como avecitas en una rama llena de follaje ocultándolos de las miradas transeúntes, pero fijas en las planillas de estadísticas y en las listas de colaciones y tacitas de leche de los samaritanos organizados, ganándose el cielo. Ahí como cuerpos cubiertos a la espera de la orden del juez para el levantamiento del cadáver. Pero que juez los llevó a ese sitio…? Que accidente…? Que asesinato…? Que muerte natural en la vía pública…? Y no eran cuerpos muertos, cada cual se abrigaba del otro a un metro y medio (se respeta bajo toda condición el espacio del otro). Ahí estaban los que doblan cada mañana su box-spring de envase de electrodoméstico, su cobertor de tres por tres de nailon comprado por manga, de calefactores naturales de dudoso linaje, un tal “Boby”, un tal “Choco”, una tal “Claudia” la que se duerme en media calle, dueña de toda la manzana, y que los vendedores de tecito y cafecito con huevo duro, frente a la posta 3 pelean su propiedad. Antes que la señora aquella, descubriera que algún “chuchesumadre” estaba mirándoles dormir, reinicié mi camino a casa, ya había deshecho cinco cuadras solo para saciar mi libre curiosidad y me respondí al cabo de un rato que sin duda encontraría siempre un refugio, cada vida enseña donde guarecerse, ellos lo hacen en el alerito del Liceo “Miguel de Cervantes”.
En casa, el gruñido de la Chepa, mi vieja gata, me condecora con su temporal estado lúgubre, me condecora con un recibimiento de presencias que esperan mi llegada, la soledad se siente. Se siente sobre todo cuando pasábamos noches enteras llenas de ritmos y colores, conversas eternas al lado de un café café. Al lado de los estudios de historia y filosofía. De los desayunos mirando la cordillera. De cómo entender las peticiones de la Chepa, que llegaba la extremo de gesticular a mi amigo Toninho diciéndole. “…oye flaco, en este tarro amarillo, este, este que estoy dando vueltas, está la comida que debes darme, ok?”. Cuántos refugios logramos obtener para nosotros y los nuestros, de esos que se llenan de luz cuando sonreímos y de tristeza cuando alguno de ellos falta o se marcha. Hoy con esa lluvia que intenté esquivar y que me atrapó ya entrada la noche,un comentario en mi blog de Toninho secó cada pedazo de mi persona húmeda y fatigada,al leerlo me dio el calor que hacía mucho no sentía, la sensibilidad que llegó un día con furiosa lluvia también, vaya coincidencia. Otra presencia que traía un sol propio del cual aprendí a conocer su sombra, una existencia que sufría por no encontrar sol en el cielo de este nuevo país que lo recibía. La historia nuestra se mixtura, sin imaginar nunca que desde el nordeste brasilero llegaba la sabiduría, el sacrificio y la vida dura hecha persona, hecha lectura de libros enormes, de nuevas músicas y nuevos cantores, de cigarrillos a media noche, de inquietudes por saber, de aprender el último poema de Víctor Jara.
A esta hora escucho la lluvia fuerte y obviamente fría. Yo me sumerjo en el calor de una taza de “sopa para uno” y la “saudade” de haber compartido mi refugio con gente que nunca se irá del todo.
Un abrazo hermano…

ESCRIBO EN LAS ENCÍAS DE LA IGNORANCIA, TERRORISMO SENTIMENTAL, APOLOGÍA INDISCUTIBLE, METÁFORAS BURDAS, CORAZONES COMO CEBOLLAS, AÑEJOS, GUARDÁNDOSE EN VINAGRE. PROPONGO PASEOS EN EL TRANSPORTE PÚBLICO A QUIEN VUELA SU PROPIA NAVE ESPACIAL... (ACTUALIZADA)